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Un caso de injurias e el futbol

| El 04, Mar 2015

La injuria implica deshonrar o desacreditar intencionalmente a una persona determinada, por ejemplo, mediante un insulto en público. La calumnia implica acusar falsamente a alguien de un delito. En ambos casos ya no hay pena de prisión pero siguen existiendo como delitos penales y civiles porque lesionan el honor y buen nombre de una persona. A nivel penal se paga multa y a nivel civil se indemniza con una suma de dinero.

Cualquier persona puede cometer una injuria o calumnia, incluso un funcionario público que descalifica a alguien en forma manifiestamente irrespetuosa (como regla, se permite el amplio debate) y así excede los límites de la libre expresión. Para periodistas o asuntos de interés público hay reglas especiales porque en principio se permite cualquier aseveración salvo que exista un desconocimiento de su falsedad o un malicioso desinterés por chequear las fuentes.

También pueden cometerse por cualquier medio, como por ejemplo, un tuit, una publicación en el diario y en cualquier lugar, como por ejemplo, por un técnico a un árbitro en una cancha de futbol. Eso pasó en este caso.


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Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, sala I, “Algún Árbitro. c. Algún Técnico de Futbol”, 01/07/1999

2ª Instancia. — Ciudad de Buenos Aires, julio 1 de 1999.

¿Se ajusta a derecho la sentencia apelada?

El doctor Ojea Quintana dijo:

Ambas partes apelaron la sentencia de fs. 344/50 que hizo lugar a la demanda y condenó a Técnico a pagar a Árbitro la suma de $ 30.000, con más sus intereses y las costas del proceso. El actor expresó agravios a fs. 366/9 y el demandado a fs. 371/6, contestándose tales presentaciones a fs. 386/7 y 379/85.

Si objeción del accionado en esta instancia el a quo lo tuvo por confeso en los términos del art. 417 del Cód. Procesal; y entre los hechos consignados en el pliego de posiciones respectivo, obrante a fs. 343, figuran los siguientes: “que finalizado el partido de fútbol entre los Clubes xxx  e iiii –celebrado el 15/11/94–, Ud. dentro del campo de juego, le dijo al árbitro: “vos le tenés miedo, son un c…, dirigiste para …” (3ª); “que tal dicho lo realizó en voz fuerte y en presencia de bastantes personas” (4ª); “que en ese momento, las personas que lo acompañaban a Ud., lo insultaron al actor, siendo además salivado” (5ª); “que ya en la puerta de los vestuarios, Ud. le repitió al Sr. Arbitro: ‘c…., lo dejaste a …contento'” (6ª); “que ello lo dijo en voz fuerte y en presencia de muchas personas” (7ª); “que además, Ud. le dio una fuerte patada a la puerta del vestuario del árbitro, cuando éste se disponía a cerrarla” (8ª); “que el Sr. Árbitro resultó agredido de palabra y de hecho” (9ª); “que al salir Ud. de los vestuarios, le dijo a los periodistas presentes –dirigiendo su mirada hacia el camarín donde se encontraba el dicente–: ‘vamos a hablar del mafioso'” (10ª); “que ese mismo día, Ud. le dijo al periodismo presente: “No alcanzó el golazo, porque nos robaron…Me siento robado…Hoy a nosotros nos chorearon…El árbitro hizo que Independiente ganara. Pero si esto se soluciona pagando, yo, …, también tengo dinero para pagar” (12ª); “que además, en conferencia de prensa dijo: ‘de qué honestidad me hablan’; ‘nos tenemos que ir al descenso por decreto’; ‘no nos cobran un penal’;….se que me pueden multar por esto’; ‘fue un afano, fue un choreo’; para finalizar diciendo: ‘hoy el árbitro quiso que ganara Independiente'” (13ª); “que Ud. efectuó las manifestaciones que obran en la página central, de la edición de la mañana del… Diario Crónica, que se le exhibe”.

Tales hechos, por lo demás, se encuentran ampliamente corroborados en autos. Así, con el video acompañado y las diversas publicaciones periodísticas: en los diarios locales de Corrientes, “El Litoral” y “Epoca” .., y de esta ciudad, “Clarín” … y “Crónica” … así como en la revista “El Gráfico” …. Y también con el testimonio de Krauss, juez de línea que secundó  a…. en el encuentro; con los informes de la Asociación del Fútbol Argentino, según los cuales, con base en los informes de …  y de los dos jueces de línea intervinientes, K. y C., se impuso a Técnico como asistente técnico del Club una multa por “ofensa al árbitro, patear puerta vestuario, reincidencia” (fs. 79/92 y 137); y con los comunicados de prensa de la Asociación Argentina de Árbitros repudiando los hechos de marras.

De ese modo, éstos no sólo se encuentran acreditados en tanto ocurrieron en el campo de juego, inmediatamente después de terminado el encuentro, sino también con posterioridad –como con acierto lo destaca el a quo– dentro del vestuario y en declaraciones al periodismo efectuadas ese mismo día, e inclusive meses después, en febrero de 1995.

El carácter ofensivo de las expresiones y actitudes examinadas es innegable. Así se admite en la referida confesión ficta (22ª y 24ª), y se desprende de aquéllas con claridad. En esta instancia Técnico aduce que “un hecho de este tipo es totalmente común y corriente en el ambiente del fútbol, y de ninguna manera puede considerarse injurioso. En otras palabras, los términos utilizados por el demandado no pueden ser considerados injuriosos para con el actor, puesto que son ordinarios en la jerga ‘futbolística’…”. Sin embargo, amén de no ser precisamente el fútbol profesional de nuestros días un espectáculo en el cual las conductas que fácticamente suelen repetirse puedan justificarse sin más, la argumentación resulta inatendible en el caso. Es que, aunque es verdad que no pocas veces los gestos, voces y dichos que pueblan el folclore propio de ese ambiente pueden carecer en él de las connotaciones agraviantes que en otras circunstancias resultarían inequívocas, por ejemplo, robar, “chorear”, “afanar”; aunque ello es verdad –reitero– no lo es menos que las expresiones de Técnico en los incidentes que motivan el litigio en modo alguno tuvieron un sentido configurado. Tanto si se está a su literalidad como a su contexto, a lo dicho en forma directa o alusiva, expresa o tácita, es indudable que aquél imputó al árbitro haber favorecido con sus fallos al equipo vencedor, deliberadamente y por motivos subalternos, por ceder con cobardía a presiones de dirigentes o para lograr beneficios, o sea, haber procedido en forma deshonesta; no siendo dudosa la connotación deshonrosa y desacreditante de esta imputación.

Tampoco es dudoso que Técnico actuó con “animus injuriandi”, ya que no podía ignorar el alcance y las consecuencias de su proceder. Es evidente que como director técnico de uno de los equipos tenía, al igual que todos los que de una u otra manera protagonizaban o intervenían en la organización del encuentro, distintas y mayores responsabilidades que un simple espectador en orden al correcto desenvolvimiento del mismo, entre ellas el respeto a quienes lo arbitraban, como lo demuestra el hecho de la sanción que le impuso la Asociación del Fútbol Argentino. Y como lo señala el a quo, es también evidente que la no controvertida popularidad de Técnico y la repercusión periodística de sus juicios y actitudes incrementaban esa responsabilidad, al multiplicar sus virtualidades dañosas. Nada de esto podía pasarle inadvertido; y si pese a ello procedió como lo hizo, no en una reacción momentánea, frente a la derrota de su equipo, sino continuadamente, en los vestuarios y en declaraciones posteriores de ese día, reiteradas dos meses después, no cabe sino concluir que obró a sabiendas que de esa forma descalificaba al juez … y con intención de hacerlo.

En suma, es claro a mi juicio que al protagonizar los hechos de marras  Técnico cometió el delito de injurias previsto por el art. 1089 del Cód. Civil en perjuicio de Árbitro, por lo que debe responder por el daño moral sufrido por éste, objeto de reclamo, en los términos del art. 1078 del mismo Código (Salvat-Acuña Anzorena, “Fuentes de las obligaciones”, t. IV, N° 2767; Borda, “Obligaciones”, t. II, N° 1353, Llambías, “Obligaciones”, t. IV, N° 2389; Belluscio, “Código Civil y leyes complementarias”, t. 5, ps. 251/2).

Supuesta la injuria, la lesión moral queda evidenciada “re ipsa”, aunque a fin de ponderar su entidad cabe tener en cuenta su contenido y las circunstancias en que fue proferida. Y en tal sentido, no puedo sino compartir las consideraciones formuladas por el a quo, con base en los testimonios de JJJ, FF, SSS, y K  acerca de la repercusión que tuvo aquélla sobre el actor tanto en lo personal como en el plano social; repercusión que, por lo demás, no es difícil barruntar teniendo en cuenta las características de los hechos acreditados. Empero, pienso que también deben considerarse dos factores que de alguna manera mitigan el daño. En primer lugar –y en esto encuentro cierta razón al accionado– las particularidades propias de los espectáculos futbolísticos, no asépticos, por cierto, en materia de insultos e improperios, que adquieren así connotaciones diferentes de las que tendrían de ocurrir en otros ámbitos, como asimismo la inevitable exposición en que se encuentran los árbitros, que deben asumirlos con distancia y profesionalismo. Y en segundo término, tampoco cabe soslayar que en no pocos casos las publicaciones periodísticas mencionadas incluyeron comentarios críticos de los dichos y actitudes de Técnico, amortiguando de ese modo sus efectos desacreditantes. Por ello y habida cuenta del criterio y de los montos acordados por la sala en casos análogos, propongo disminuir el reconocido en el fallo a $ 20.000.

Por último y en lo que hace a la publicación de la sentencia, pedida por el actor y denegada por el a quo, considero que debe mantenerse lo resuelto. Como éste lo recuerda con acierto, el art. 1071 bis del Cód. Civil deja a criterio del juez la ponderación sobre si tal publicación es procedente para una adecuada reparación; y si a lo expuesto “supra” sobre las características de los hechos y la indemnización propuesta se añade el largo tiempo transcurrido desde entonces, estimo que dicha publicación se muestra innecesaria.

Las costas de esta instancia deben imponerse al demandado, sustancialmente vencido (art. 68, Cód. Procesal).

Voto pues para que se modifique la sentencia de fs. 344/50 reduciendo la condena a la cantidad de $ 20.000 y se impongan las costas de esta instancia a la parte demandada.

Por razones análogas, los doctores Fermé y Borda adhieren al voto que antecede.

Por lo que resulta de la votación sobre la que instruye el acuerdo que antecede, se resuelve: 1°) Modificar la sentencia de fs. 344/50 reduciendo la condena a la cantidad de $ 20.000; 2°) Imponer las costas de esta instancia a la parte demandada. — Julio M. Ojea Quintana. — Eduardo L. Fermé. — Delfina M. Borda.

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