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¿El Estado debe perseguir a Uber?

| El 19, Abr 2016

Después del éxito ¿? de la nota Uber Es Legal en Inglaterra, y a raíz de los recientes sucesos que involucran a Uber, los taxistas, la NASA y las tortugas ninjas, Horacio Cabak me entrevistó sobre el tema.

Acá la opinión sobre la persecución a Uber en Argentina y la omisión de las autoridades en sancionar una regulación acorde.

Uber no es el servicio público de taxis, ni de remises, es otra cosa. Y el derecho debe adaptarse para regular esta actividad lícita, y pedirles:

-seguro de responsabilidad civil

-idoneidad al conductor


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-que Uber se haga cargo, como dice la ley argentina, si en el medio del viaje llegara a pasar algo (caución, garantía, etc.), porque los intermediarios también son responsables (ley 24240)

-Y otras exigencias en función del bien común y la seguridad de terceros (artículo 28 de la constitución nacional según la interpretación de la corte interamericana de DDHH)

Pero nunca prohibir una actividad lícita (esto interpretó la corte) y por ende solo regular razonablemente.

Uber es el mercado, sobre el que en general hay consenso que el Estado debe regular para facilitar y dar un marco de seguridad a las transacciones.

Por otro lado, ¿No deberíamos fomentar el transporte público colectivo y tecnologías limpias, sin ruido y sin humos a terceros, como la bicicleta? En lugar de dedicarse a perseguir a Uber (o a quien sea que intermedie), ¿El gobierno hizo un estudio serio e independiente sobre los beneficios o desventajas posibles de que conductores particulares ofrezcan su auto?

Eso sí, como me apuntaba el colega Miguel Licht, el Estado reguló el tema y solo permite que el transporte de pasajeros sea por taxi (servicio público) o remís. Y si cambia el esquema legal debería indemnizar a los titulares de la licencia. En mi opinión, el esquema legal debe rediscutirse en la legislatura y en esto coincido con el Subsecretario de Tránsito porteño, Juanjo Méndez.

Para esa discusión, ¿Reduce Uber el tránsito? ¿Mejora? En cualquier caso, repito, un Estado que se precie de demoliberal no puede prohibir Uber. Solo regularlo. Si no, somos liberales para algunas cosas (ej. soja) y no para otras. Y eso no es ser liberal.

La ley debe dar un marco general y permitir las iniciativas económicas. Al menos eso parecía haber anunciado el gobierno. No defiendo a Uber, sí a la libertad ordenada (ordered liberty podría decir la corte de los EE.UU.) que está en la constitución.

Podés dejar abajo tu comentario.

 

 

 

Taxi Uber
Modelo Servicio público Servicio privado
Control teórico Fuerte por el Estado Fuerte por una empresa
Control práctico Débil Desconocido – Alto por el involucramiento de los usuarios
Oferta Limitada a licencias Ilimitada a quien se registre
Seguros Completo Piden seguro completo, hoy no estaría el producto, sin seguro
Responsabilidad del intermediario El Estado no es responsable por deficiencias en la concesión o falta de control, o si lo fuese el juicio tarda 10 años mínimo Uber limita su responsabilidad a USD 500, ilegal según la ley argentina.

El juicio también tardaría y sería difícil ejecutarlo salvo que Uber tenga bienes acá

 

Nota de opinión

El colega Mariano Heller escribió esta nota publicada originalmente en el portal Nueva Ciudad. Básicamente explica porque el servicio tipo Uber (o un competidor) debe regularse y critica la situación actual, bajo el paradigma del filósofo del derecho Carlos Nino.

Al margen de la ley

Por Mariano Heller

Iba a escribir exclusivamente sobre la llegada de Uber al país. Es uno de los temas de la semana, la discusión del momento. La polémica se había tornado interesante, con fértiles intercambios, chicanas picantes. Todos los ingredientes que a uno le gustan.

Dicen que en casi todos los países, al principio, hubo complicaciones para la implementación de este sistema. Pero acá hemos llegado a tener detenciones efectuadas por taxistas, incidentes violentos durante allanamientos. Cómo siempre en Argentina, nos superamos día a día. Una locura.

En fin. La discusión sobre Uber me llevó derechito a intentar analizar un poco más profundamente otro de los tantos motivos por los cuales digo que este país no tiene ningún tipo de destino feliz, salvo que Uruguay se decida de una vez por todas a invadirnos. Si aún no lo advirtió, estimado lector, no soy el más optimista del condado.

Resulta que la llegada de Uber generó un descalabro descomunal por todas partes, y ese descalabro derivó en un efecto dominó de papelones y violaciones supinas de normas realmente escandalosas.

Pero vamos a los hechos. Vino Uber, competencia directa para los taxis. Tanto para el señor que tiene un taxi y lo trabaja como puede, como para la empresa que tiene 750 autos y la junta en pala. Por supuesto hubo enojo de los taxistas, entre otros motivos porque dicen que Uber no cumple con las normas. ¿Cómo manifestaron su enojo? Incumpliendo otras normas. O sea cortando las calles y arruinando la existencia de los usuarios de Uber y, por supuesto, del resto de los habitantes de la ciudad que, en gran cantidad de casos, desconocen la existencia de la novedosa plataforma tecnológica.

Pero obviamente, el mencionado, no fue el único medio de protesta. También acudieron a la justicia mediante la presentación de amparos y la justicia porteña les dio la razón. No es objeto de análisis de esta columna discutir quién tiene razón, pero ¿cómo reaccionó Uber frente al fallo que supuestamente ordenaba la suspensión del servicio? Redoblando la apuesta. Regalando viajes para todos y todas. Pero también incumpliendo otra obligación. En este caso, la resolución de un juez.

A todo esto, en vez de regular o intentar regular un servicio que ya funciona en la mayor parte de las ciudades importantes del mundo con millones de usuarios, el Gobierno de la Ciudad decidió tomar partido por una de las dos posturas encontradas, olvidando completamente el rol de administrador que le toca cumplir. Y ni empecemos a hablar de los intereses mafiosos que rodean el tema.

Como si esto fuera poco, varios de los representantes del pueblo, los legisladores, se dedicaron a repudiar, sí leíste bien, REPUDIAR a Uber en vez de buscar soluciones regulatorias que permitan que seamos, en condiciones justas, los ciudadanos quiénes decidamos qué servicios tenemos ganas de usar para movernos por la ciudad.

Utilizando palabras del gran maestro Carlos Santiago Nino, vivimos en un país al margen de la ley. El incumplimiento normativo es, en muchos casos, la regla y no la excepción. Y éste es, sin dudas, uno de los grandes dramas que vivimos en Argentina.

Conclusión. Vivimos en un país en el que un grupo se queja de que otro grupo incumple normas ¿y lo hace cómo? incumpliendo normas! Mientras que, el grupo que debe generar las normas, toma partido por uno de los grupos y lo hace incumpliendo el rol que la Constitución le asigna. Todo maravilloso.

Y uno quisiera decir, bueno, es el caso de Uber. Esto movió demasiado el avispero, es excepcional. Pero no, mis amigos, utilizando palabras del gran maestro Carlos Santiago Nino, vivimos en un país al margen de la ley. El incumplimiento normativo es, en muchos casos, la regla y no la excepción. Y éste es, sin dudas, uno de los grandes dramas que vivimos en Argentina.

Podemos ir de lo más pequeño a los más grande haciendo escalas por todas partes para explicarlo. Pensemos en nuestra Constitución Nacional. Leamos el artículo 18, por ejemplo, la parte que dice que “… las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas…”

Cuando se nos pase el ataque de risa, podemos detenernos en las comisiones bicamerales, cuya creación es ordenada por nuestra ley fundamental y que jamás se constituyeron, el principio de igualdad ante la ley que requiere, entre otras, que la sea la idoneidad la base para la admisión en los empleos, la obligación de igual remuneración por igual tarea y decenas de incumplimientos más.

Ya sé, la Constitución te parece algo demasiado abstracto, medio inalcanzable. No te preocupes, vamos a lo más cotidiano. Fijate la cantidad de cordones pintados de amarillo donde la gente estaciona igual, pero también acordate de los genios universales que pintan su vereda de amarillo para siempre tener lugar frente a su casa. Por supuesto, no podemos olvidarnos de la innumerable cantidad de gente que aparentemente se asoció a un inexistente programa de estacionamiento llamado “Dejalo donde vos quieras”. Pensá en las velocidades máximas o los horarios de carga y descarga. O los impresentables que tapan las patentes. ¿Con qué fin se te ocurre que puede ser? No, no es para cuidarla del fango. Es para incumplir más normas! Si no te gustan los ejemplos del tránsito pensá en los negocios que no entregan facturas. Bueno, como se imaginarán, la lista no tiene fin.

Tantas veces escuchamos “hay que cambiar las leyes, éstas que tenemos no sirven”, cuando en realidad debemos empezar por respetar las que tenemos y ver qué pasa. Esto que muchos podrían tildar de un pensamiento básico o de la tía que opina desde la peluquería, es uno de los cambios culturales que necesita el país.

Pero este cambio requiere atacar la situación en forma profunda. En mi columna anterior, “Honestismo” algo empecé a esbozar sobre el tema. Vivimos al margen de la ley porque tenemos un sistema de premios y castigos que no funciona, está destruido. Hay que darlo vuelta como una media, decía allí y agrego algo que es fundamental. Este nuevo sistema de premios y castigos y que implique una refundación de la Argentina, debe preocuparse tanto por lo más grande como por lo más pequeño. Desde la Constitución hasta la norma de tránsito. Sin este paso, no saldremos más de la oscuridad actual.

(fuente)

 

central eléctrica

Comentarios

  1. Fabian

    O se pueden fomentar otro tipo de aplicaciones, del mismo tipo pero realmente LEGALES.
    Existe un desarrollo nacional que se llama http://www.taxiguardian.net
    Si ingresa alli podra ver que es muchisimo mejor que UBER…
    Dejemos de promocionar cosas que no ayudan a nadie y promocionemos el desarrollo nacional, mas la seguridad de poder trabajar (los taxistas) con seguridad y control y los usuarios poder quedarnos tranquilos sabiendo quien nos lleva, los controles realizados al vehiculo, etc.

  2. Carlos

    Consulta.

    Actualmente Uber es un intermediario donde solo contacta personas. Entonces, porque no le puedo pagar directamente al chofer?

    Si la transaccion se realiza exclusivamente a traves de la empresa (que luego se encarga de depositar a futuro al chofer. No seria eso, una cuasirelacion de dependencia?

    PD: me dan factura?

    PD2: si mañana mi jefe me quiere hacer lo mismo, y dice que ahora es un intermediario entre mi servicio y sus clientes. Que seria?

    Salutes

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