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Tu abogado robot

| El 06, Dic 2017

La abogacía está entre las profesiones cuyas tareas pueden ser reemplazadas con ayuda de robots. Búsquedas de precedentes, armado de escritos y memorándums (dictámenes legales), asesoramiento y mucho más. Así, ¿La profesión legal en el futuro distará de lo que hoy conocemos?

En los Estados Unidos ya están usando software para ponderar los factores de riesgo que ayuden a los jueces a decidir si un reo sale o no en libertad. Se basa en algoritmos (fórmulas) según datos de la persona, algo así como el scoring crediticio.

Redactar contratos es cada vez más tarea de robots… Se arman con la ayuda de un software. Pero no pensemos en robots como R2R2 sino más bien como procesadores o computadoras que incluso aprenden de la experiencia y de lo que vaya cargando el usuario (como el texto predictivo del celular), que se llama machine learning.

 

Tu abogado robot – la abogacía artificial está en camino

La IA avanza sobre la práctica profesional. El futuro llegó.

Por Ariel Alberto Neuman*


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Ya no son pilas de papel. Son toneladas de datos que no pesan, y se acumulan bajo la esponjosidad de la nube. Se generan, según IBM, 2,5 quintillones de bytes por día de información. El 90% de todos los existentes se crearon en los últimos dos años. Quintillones, por cierto, es 2.500.000.000.000.000.000. Frente a tantos ceros, el conocimiento acumulado en el cerebro humano empieza a perder relevancia práctica en el terreno laboral, donde la función buscar es la verdadera protagonista.

Buscar en Mi PC, buscar en el celular, buscar en Google.

Hasta hace muy poco, la búsqueda seguía una lógica que, a esta altura, nos resulta más o menos familiar: es igual a, contiene, no contiene, de tal fecha a tal otra, por tipo de archivo, derecho de uso, origen de la fuente, en fin, una serie de atributos que se le daba a la información para poder recuperarla de manera relativamente sencilla.

Estamos parados ahora en medio del mismísimo cambio de paradigma, donde el thelos de lo que se busca importa más que la forma que adopta.

Para graficarlo con un color: si se busca naranja o anaranjado, un rastreo como lo conocemos hoy trae por resultado todo aquello que contenga esas palabras. En breve, ya no. “Fruta redonda, rica en vitamina C, que se aprovecha para hacer jugos y mermeladas, como base de licuados y confituras de distinto tipo” caerá dentro de los resultados.

“Qué fantástico, pero ¿y a mí qué me importa?”, es justo que plantee un abogado inserto en una estructura que cuenta con las principales herramientas de búsqueda de información que ofrece hoy el mercado.

Pues, por ejemplo, en la posibilidad de poner un concepto determinado a buscar y que, como resultado, aparezca la jurisprudencia local e internacional de temas asociados; o la de procurar un contrato determinado y que, como resultado, aparezcan las cláusulas que sí o sí se tienen que contemplar; o buscar por el nombre un auto a importar y que aparezca información sobre los pasos a seguir para lograr la operación, la experiencia de otros importadores y las tendencias en la materia. Se buscan conceptos, ideas, tendencias. No palabras o datos concretos.

El año pasado, Dentons fue reconocida por The Financial Times como la firma de abogados que mejor piensa en el futuro. ¿El motivo? Crearon NextLaw Labs, una subsidiaria independiente diseñada para generar disrupciones en la práctica jurídica a través de la innovación. A cargo está un emprendedor formado en publicidad y medios de comunicación.

Otro nombre que ya muchos han escuchado es el de Watson, de IBM, uno de los desarrollos más interesantes en términos de inteligencia artificial, que se viene aplicando con éxito en el campo de la medicina. El gigante de la información legal Thomson Reuters, anunció que su iniciativa Watson estará disponible en versión beta con productos vinculados a compliance para fines de este año.

También de Watson se vale un desarrollo de uno de los socios de Dentons en Canadá. Bajo el nombre Ross Intelligence, un usuario pregunta en lenguaje llano y Ross busca legislación, casos y fuentes jurídicas secundarias que aporten a la inquietud.

NextLaw Labs presentó Ross Intelligence en agosto pasado como su primer desarrollo, fondeó la iniciativa y le abrió una oficina en Palo Alto, California, algo así como la tierra prometida de la innovación.

“Estamos trabajando en sumar abogados para que le enseñen a Ross a pensar como abogados. Eso será un gran salto para la humanidad. Con la tecnología aplicada al sector legal habrá nuevos trabajos. Ross no reemplazará a los abogados, pero les permitirá hacer mucho más de lo que hacen hoy”, tranquiliza (¿o advierte?) el ejecutivo a cargo de la iniciativa.

NexLP es una empresa que usa inteligencia artificial para analizar grandes volúmenes de datos y predecir tendencias. Se sabe, por ejemplo, que tal o cual juez suele fallar en tal o cual sentido.
Con herramientas de este tipo se puede predecir con cierta exactitud cuál será el resultado de un pleito planteado ante él.

Otro ejemplo es el de eBrevia, otro desarrollo de IA que tiene la capacidad de aprender progresivamente cómo realizar búsquedas de información de manera más eficiente. El software no tiene que ser reentrenado en cada operación, y se autoalimenta de conceptos jurídicos en función del vocabulario utilizado para designarlos.

En Inglaterra, reconocen los propios norteamericanos, el tema está mucho más avanzado aun, con alianzas entre firmas y universidades que tienen casi una década trabajando en el tema.

Ravn Systems, Kim y Clixlex son algunos de los principales desarrollos al otro lado del Atlántico.“La inteligencia artificial está cambiando la forma en que los abogados piensan, la forma en que hacen negocios y la forma en que interactúan con los clientes. Es mucho más que tecnología aplicada al derecho.

Es la próxima gran esperanza que revolucionará la profesión legal”, se lee en un extenso informe publicado por el ABA Journal bajo el título How artificial intelligence is transforming the legal profession, reproducido en www.aunoabogados.com.ar y sobre el que se basan muchas de estas líneas.

Por lo pronto, y como surgió en el panel de tecnología del 3er Encuentro de Abogados (www.encuentrodeabogados.com.ar), si el perfil profesional que se valoraba hasta hace no mucho (ahora mismo) incluía el dominio de idioma inglés, pronto, muy pronto, el abogado que no sepa programar tendrá serias dificultades para insertarse en el nuevo y cambiante mundo profesional.

*El autor es colega abogado, periodista y director de la prestigiosa revista AUNO Abogados
Para leer más:
nextlp.com
nextlawlabs.com
rossintelligence.com
ebrevia.com
ravn.co.uk
riverviewlaw.com/kim
clixlex.com
www.iaail.org

 

 


 

Más datos sobre inteligencia artificial y derecho

La International Bar Association (IBA) es optimista. Según el informe Artificial intelligence and robotics and their impact on the workplace el riesgo de que los abogados sean reemplazados por robots es inferior al 5%. También subraya la necesidad de que estén atentos a los cambios (lógico…).

El diario Financial Times concluye que tan sólo cinco de las 23 actividades más habituales desarrolladas por abogados y jueces pueden llegar a ser ocupadas por robots. Entre ellas, destaca preparar documentación de procedimientos legales, mantener en orden archivos o buscar materiales relevantes, aunque identificar implicaciones de casos precedentes o arbitrar disputas entre las partes aún queda muy lejos de las capacidades de estos sistemas.

Algunas de estas tareas son realizadas por algoritmos (que diseñan los programadores, claro). Por ejemplo, Allen & Overy lanzó el año pasado Margin Matrix, una herramienta informática pionera que recoge los nuevos requisitos regulatorios que deben cumplir las entidades financieras (fuente: Expansión).

El sistema desarrollado junto a Deloitte redacta los contratos a través de un análisis jurídico y un proceso de redacción automatizados, que permite que cada entidad adapte a las nuevas normas la documentación sobre el mantenimiento de garantías. El objetivo final de Margin Matrix es doble: evitar un incumplimiento normativo accidental y optimizar los costes, dice Expansión.

DLA Piper confió en Kira Systems para optimizar todo el proceso de las due diligences (auditorías de compras de empresas), mientras que Dentons se apoyó en IBM para lanzar Ross Intelligence, que permite a los abogados lanzar una pregunta y recibir una respuesta legal específica. Además, Uría Menéndez acaba de poner en marcha su proyecto de inteligencia artificial de la mano de Luminance y RAVN Systems.

Asimismo, Winston & Strawn tiene implantada la codificación predictiva, en la que un programa identifica y extrae pruebas potencialmente relevantes después de una revisión superficial inicial realizada por los abogados del despacho de Chicago.

Los grandes bufetes o estudios no son los únicos que se han puesto a trabajar en herramientas inteligentes. Un grupo de investigadores del University College London, la Universidad de Sheffield y la de Pennsylvania ha logrado predecir un 79% de las resoluciones alcanzadas en 584 asuntos de la Corte Europea de Derechos Humanos, mientras que investigadores de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona desarrollaron hace poco más de cinco años un algoritmo que es capaz de predecir las decisiones de la Corte Suprema de Estados Unidos en un 83% de los casos, dice Expansión.

A pesar de estos ejemplos, todavía hay despachos de abogados reticentes a la hora de implantar esta tecnología. Una de las razones principales es, además de los riesgos derivados de posibles fallos en los algoritmos o los problemas de ataques cibernéticos, la falta de legislación en Europa que proteja el trabajo y los resultados de estas fórmulas. Así, el Convenio de la Patente Europea no permite la patentabilidad de los descubrimientos, las teorías científicas y los métodos matemáticos en la medida en que dichas fórmulas sean el objeto único de la patente, algo que no ocurre en Estados Unidos donde sí han llegado a conceder patentes para proteger algoritmos.

 

 

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