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¿Cómo garantizar la libertad de expresión en tiempos de convergencia de medios? Parte II

| El 17, Jun 2018

Se retoma el tema publicado la semana pasada sobre la libertad de prensa, la pluralidad de medios y el mapa del mercado. Se aborda el tema fundamental del financiamiento que es crucial para la subsistencia de los medios de comunicación y la libertad de prensa. Acá podés leer la primera parte de esta nota.

 

El mapa de medios

Hace unos meses, la revista Apertura publicó en una edición especial1, como acostumbra todos los años, un mapa de medios en Argentina para el período 2016. Allí se pudo ver qué porcentajes accionarios poseen los empresarios, ya sea a nivel individual, o conjuntamente.

Como puede observarse, la televisión ha perdido market share ante lo digital. Pero las empresas de medición han quedado obsoletas ante los cambios en los hábitos de consumo y no pueden cuantificar si la baja del rating se da solo en el aparato tradicional y cuánto se trasladó a otros dispositivos donde puede ser vista2”, señaló Gabriela Sigal, directora de Negociaciones de la central de medios Starcom.

En tal sentido, se valora la interacción en las redes sociales que aumenta la audiencia. Según el relevamiento realizado por ese medio, en los hogares con conexión a Internet, el 88% usa una segunda pantalla mientras mira TV.

La siguiente oración de la cláusula constitucional reitera los principios de su par federal: no hay censura previa, sólo hay responsabilidad ulterior3. Sin embargo, pueden dictarse órdenes de restricción hacia los medios para impedir que se difundan ciertas imágenes o datos de menores de edad.

Vale aclarar que, el discurso que se emita por Internet, está amparado por la garantía que protege la libre expresión4, reconociendo legalmente que el ejercicio de este derecho “puede estar sujeto a aquellas restricciones limitadas que estén establecidas en la ley y que resulten necesarias, por ejemplo, para la prevención del delito y la protección de los derechos fundamentales de terceros, incluyendo menores, pero recordando que tales restricciones deben ser equilibradas y cumplir con las normas internacionales”.

Uno de los casos más recientes, que cobró notoriedad pública por tratarse de una pareja mediática (la conformada por el exjugador de fútbol y su esposa y panelista de TV), derivó en un fallo que ordenó el cese de difusión de los chats, fotos y videos difundidos desde un portal de espectáculos que hizo público el affaire del ahora comentarista deportivo con una tercera en discordia. Asimismo, en el fallo, la jueza María Verónica Ramírez ordena al Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) comunicar la decisión a todos los medios de comunicación masiva (televisivos, radiales, gráficos y redes sociales).

La libre expresión tiene distintos planos, y el principal sin dudas es que el Estado no solo debe abstenerse de limitarla sino que debe cuidar que otros no interfieran. Cuánto debe intervenir el Estado para que el “mercado” de ideas sea concurrente es tema de debate. Para algunos, en forma análoga a la ley de defensa de la competencia, debe haber una ley que regule las condiciones del acceso al mercado de medios y facilite la participación. Para otros, debe ser primariamente el mercado el que se encargue de establecer esas relaciones.

Una de las premisas de la libertad de prensa es que pueda ejercerse de manera plural, para que no sea un sector social o grupo económico el único que se haga escuchar. En este marco, la concentración de medios muchas veces afecta la pluralidad de voces.

En términos legales, como bien explica Fernando Lima, el texto constitucional “no sólo consagra la libertad de expresión sino que va más allá, al transformar al Estado en garante de la pluralidad de emisores, de la libre manifestación del pensamiento y el respeto a la ética, y del secreto profesional de los periodistas”5.

Lima identifica dos dimensiones en lo que hace al derecho a la libertad de expresión: una individual y otra colectiva. La primera tiene que ver con el derecho personal que tiene todo individuo a hacer público, a transmitir, a difundir y a exteriorizar –o no hacerlo– sus ideas, opiniones, creencias, críticas, etc. a través de cualquier medio.

En su faz colectiva, la libertad de expresión es un instrumento necesario para garantizar la libertad de información y la formación de la opinión pública:

“Desde este punto de vista, la libertad de expresión constituye una piedra angular de la existencia misma de una sociedad democrática como sistema de autodeterminación colectiva por el cual los individuos toman las decisiones que fijan las reglas, principios y políticas públicas que regirán el desenvolvimiento de la sociedad política. Si en la dimensión individual la actividad regulatoria es (o debería ser) mínima, consistir básicamente en un “no hacer”, en una abstención de intervenir, en la faz colectiva el sistema democrático exige una protección activa por parte del Estado”6.

En este sentido, cabe al Estado la responsabilidad de garantizar el acceso igualitario de todos los grupos y personas a los medios masivos de comunicación o, más exactamente, “que no haya individuos o grupos que, a priori, estén excluidos del acceso a tales medios”.

A nivel local, la Ley de Medios se sancionó en un marco de disputa del Gobierno nacional con el grupo Clarín. Para este grupo, se trataba de una medida arbitraria o más bien de la aplicación arbitraria de la ley.

En el marco del conflicto entre el Gobierno nacional y Grupo Clarín, cuando la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) intentaba ejecutar lo dispuesto en la Ley de Medios, la legislatura porteña sancionó la ley 4565 de Defensa de la Libertad de Expresión, que nació originalmente de un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) del entonces jefe de Gobierno porteño.

Esta ley básicamente dispuso un límite a las restricciones a la libertad de imprenta, prensa y expresión de los medios de comunicación con domicilio en la Ciudad de Buenos Aires, y también al derecho al libre acceso a la información7.

Uno de los puntos que se plantean es si la Ciudad tiene competencia para regular el mercado de medios, y qué medidas puede tomar (o no) para que haya pluralidad. ¿Hasta dónde? En este sentido, también se puede hablar de concentración y monopolización en el marco de esta discusión ¿Puede la Ciudad tratar de regular estos temas para que haya más pluralidad, por ejemplo, regulando medios locales? En principio, la ley local no podría interferir con la ley federal en materia de defensa de la competencia. Con la ley de medios y en pleno conflicto del gobierno nacional con el grupo Clarín, la ciudad emitió la ley por la cual se vedaba la ejecución de activos de medios de comunicación, lo que algunos calificaron de “blindaje”.

El abogado constitucionalista Domingo Rondina afirmó que es cierto que el artículo 32 de la Constitución Nacional establece que el Congreso Nacional no puede afectar la libertad de imprenta, y sólo las provincias podrían regularla. “Pero de ahí a considerar que el Estado miembro puede nulificar las facultades del Estado Federal, es un exceso”.

Especialmente, por la amplitud con que se regula: “Según el proyecto, el Estado Nacional no puede expropiar inmuebles, ni muebles, regular la importación, ni establecer impuestos, ni designar directores societarios aunque tenga acciones, ni pedir medidas cautelares judiciales, y ni siquiera realizar controles”.

El Congreso puede dictar mil leyes muy bien redactadas y muy bien sancionadas, pero si son sobre rubros reservados a las autoridades provinciales, serán completamente nulas. El problema en este caso es que el proyecto insular de medios se excede”, inmiscuyéndose en materias que han sido expresamente delegadas al Estado Federal.

Pero la Ley de Medios defiende un esquema que en parte está en crisis gracias al avance, cada vez mayor, de lo digital. Si bien es cierto que los medios tradicionales confluyen hace soportes digitales para potenciar sus negocios, gran parte del marketing y de las pautas discurren por el contenido online, que no está regulado tan fuertemente.

El financiamiento de los medios

Sin embargo, este panorama no está completo si no atendemos al financiamiento. En general, el periodismo tradicional está en crisis desde hace años. Los medios que se financiaban gracias a la pauta estatal fueron adquiridos por grupos económicos que a veces los usan como voz de los intereses del grupo. Así, sindicatos, empresarios y otros lograron adquirir algunas frecuencias o diarios.

Hasta no hace mucho, los medios como unidades económicas tenían al rating como principal criterio. Entonces la discusión discurría entre rating – calidad. Hoy muchos medios funcionan como apéndices de algo mayor. Ya el rating dejó de ser la variable más importante para servir a los intereses de los grupos.

¿Qué queda para los medios chicos? El Fondo de Fomento Concursable para Medios de Comunicación Audiovisual (FOMECA), es un organismo que “busca fortalecer a los actores de la comunicación sin fines de lucro”.

Esta herramienta permite distribuir los recursos que provienen de los grandes medios comerciales (gravámenes y multas) para fomentar procesos de actualización tecnológicas y de producción de contenidos de radios, canales y productoras comunitarias y de pueblos originarios.

De esta manera, hace efectivo el artículo 97 inciso f de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que establece que el 10% de los recursos debe estar destinado a tal fin: “El diez por ciento (10%) para proyectos especiales de comunicación audiovisual y apoyo a servicios de comunicación audiovisual, comunitarios de frontera y de los Pueblos Originarios, con especial atención a la colaboración en los proyectos de digitalización”8.

En la Ciudad también hay un programa de medios que da cierto financiamiento, fijado de forma automática por la ley según una fracción del valor de lo que sale publicar una página en el diario de mayor tirada, es decir, se intenta que ese valor esté actualizado9. Y también se encarga de emitir las credenciales de prensa. Esto en cumplimiento de la ley de medios vecinales (http://www2.cedom.gob.ar/es/legislacion/normas/leyes/ley2587.html)

Viejos principios, nuevos medios: un debate entre especialistas

Con este panorama, las discusiones en torno al trazado del mapa de medios a veces no se actualizan tan rápido como los vaivenes de los medios en sí mismos. Así y todo, vale la pena escuchar especialistas en la materia que, pese a no estar de acuerdo en cómo garantizar una mayor pluralidad, comparten un mismo diagnóstico: el de la proliferación a un ritmo agigantado y la necesidad de garantizar en este marco un espacio de libre expresión para todos.

Para el periodista José Crettaz, hace falta concentración en el sector, algo que asegura “se da en el exterior”, pero al mismo tiempo aclara que la idea de una regulación “no siempre lleva competencia”, y expone el caso de las cableoperadoras como ejemplo. Es decir, la regulación a veces obstaculiza el ingreso de competidores, en desmedro de nuevas empresas (o incluso las existentes) y del acceso al público a estos bienes.

El especialista en comunicación y medios considera necesaria una competencia sana en donde “bienes culturales y grandes grupos puedan competir”. Un ejemplo de esta tensión puede verse en el caso “Gigacable”, que se reseña abajo.

En parte coincide el investigador del CONICET, Martín Becerra, para quien tanto expertos como consultores “son reticentes a participar en un consenso acerca de una intervención del Estado para que haya pluralidad de medios”.

Poseen una perspectiva clásica, de no intervenir salvo casos de abuso explícito. Se trata de un estilo de liberalismo a la anglosajona, entroncado con la idea de que se lleva a cabo un debate público robusto, la CIDH”, argumentó.

Para Becerra, internet habilitó nuevos escenarios en materia de concentración de medios: “Potencialmente todos podríamos ser emisores, y esto implica, por ejemplo, a 25 millones de cuentas de Facebook”. Sin embargo, en la práctica eso no ocurre. Porque en “esa nueva esfera pública hay cada vez menos probabilidades que los mensajes intermediados sean masivos. Es difícil sostener una hipótesis virtuosa”.

En síntesis, si bien muchos alegan que ante la masificación de Internet es necesaria regulación, para Becerra, en un país “tan desigual” como Argentina, el análisis no pueda hacerse sin tomar en consideración “las condiciones en las que se accede” a ese servicio.

Como afirma Becerra en su texto “Paisaje de desmonte”10, la extrema sujeción de la mayoría de los emprendimientos de comunicación a la pauta estatal

“es síntoma de un sistema que, en términos económicos, puede caracterizarse como `protocapitalista` y que estructura un mercado incapaz de sostenerse sin la participación constante del Estado como financiador, incluso en los segmentos lucrativos. Por ello, un examen de las relaciones económicas entre el Estado y los medios revela que, además de la publicidad oficial, las empresas de comunicación solicitan (y obtienen) asistencia a la hora de perpetuar la explotación de licencias con uso del espectro; de fusionar, concentrar y eludir prestaciones de interés público en las redes físicas (telefonía, cable); de eludir regulaciones de trabajo en blanco y compromisos fiscales y previsionales, por ejemplo11”.

En una entrevista que brindó al programa de la Televisión Pública “Cada Noche”12, conducido por Diego Scott, la doctora en Ciencias Sociales Adriana Amado Suárez también polemizó sobre el tema.

Amado Suárez corre el eje de regulación estatal a una especie de regulación del propio consumidor de medios, al traer a la arena del debate la idea de que, el hecho de que los medios sean poderosos o no, lo es en la medida en que se articulen con otras circunstancias. Y para la cientista social, “eso depende de la educación13”.

Según la teoría de la atención selectiva, explica la autora, suelen elegirse los medios que ratifiquen las propias ideas. Se produce así un foco en el interés de lo que el lector elija ver, y algo parecido sucede en las redes sociales: sólo seguimos a quienes piensen en forma similar a la nuestra.

Ante este panorama, Amado insiste en la importancia de la educación. “Cuanto más vulnerable es una persona, más influenciable es por los medios. Los medios son poderosos en la medida que se articulen con otras circunstancias, y una de esas circunstancias es la ignorancia de los pueblos”, remarca.

Para Amado Suárez, “la mitad de los latinoamericanos jamás lee un diario en su vida. Y apenas un 7% lo lee todos los días. Entonces en nuestras sociedades tienen mucha importancia, pero porque la gente es mucho más vulnerable y tiene menos capacidad para contrastar la información”. Al mismo tiempo, la investigadora afirma que, en el caso de la televisión, es el medio más usado: 80% de los latinoamericanos. “Pero también es el medio que menos información tiene, porque tiene gran contenido de entretenimiento”14.

En esta época, la información parece ya no tener valor porque sobra. En la economía, tiene valor lo que es escaso. Ahora la información aparece en cataratas. El eje del valor está en la atención: se multiplica la oferta pero seguimos teniendo escaso tiempo para dedicarle y entender”, considera Amado Suárez.

Por todo esto, en defensa del interés público no se debe dejar librada al azar la contingencia de los medios y su alcance a los consumidores, haciéndose necesario un equilibrio entre la regulación y el libre ejercicio de la libertad de expresión.

Para la Comisión Interamericana de Derechos Humanos,

“si estos medios son controlados por un reducido número de individuos, o bien por uno solo, se está, de hecho, creando una sociedad en donde un reducido número de personas ejercen el control sobre la información y, directa o indirectamente, la opinión que recibe el resto de las personas. Esta carencia de pluralidad en la información es un serio obstáculo para el funcionamiento de la democracia. La democracia necesita del enfrentamiento de ideas, del debate, de la discusión. Cuando este debate no existe o está debilitado debido a que las fuentes de información son limitadas, se ataca directamente el pilar principal del funcionamiento democrático”15.

Agrega el organismo que la libertad de expresión puede verse afectada por la conformación de monopolios u oligopolios en los medios de comunicación. Asimismo, otorga al Estado la responsabilidad de regular los mecanismos con el fin de que se garantice la sociabilización en la forma de comunicar. Esto es, que tanto empresas, pero también organizaciones de la sociedad civil, partidos políticos, y los propios ciudadanos, tengan la posibilidad de comunicar.


En la tercera parte de esta nota, que se publicará la semana próxima, se abordarán temas relacionados con los medios locales, el fomento y las competencias.


1S/A. “Quién es dueño de qué medio en la Argentina”, Revista Apertura (On Line) En http://www.apertura.com/negocios/Quien-es-dueno-de-que-medio-en-la-Argentina-20160905-0005.html (Septiembre de 2016).

2 S/A. “Quién es dueño de qué medio en la Argentina”, Revista Apertura (On Line) En http://www.apertura.com/negocios/Quien-es-dueno-de-que-medio-en-la-Argentina-20160905-0005.html (Septiembre de 2016).

3 Ver la jurisprudencia citada en Gelli, María Angélica, “Constitución de la Nación Argentina Comentada y Concordada” Cuarta edición ampliada y actualizada. Dos Tomos. La Ley,

Buenos Aires, septiembre de 2008, comentario al artículo 14 y concordantes.

4 Declaración Conjunta sobre Libertad de Expresión e Internet. 1 de junio de 2011. Disponible en: http://www.oas.org/es/cidh/expresion/showarticle.asp?artID=849&lID=2

5 Fernando Juan E. Lima, Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Edición comentada, capítulo XVI. Jusbaires, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2016.

6 Fernando Juan E. Lima, Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Edición comentada, capítulo XVI. Jusbaires, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2016.

7 Ley N° 4.565. Ley de Defensa de la Libertad de Expresión. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 2013.

8Ley N° 26.522, Servicios de Comunicación Audiovisual, artículo 97, inciso F. Buenos Aires, 2009.

10 Becerra, Martín. “Paisaje de desmonte”, Revista Socompa. (On Line) En http://www.so-compa.com/medios/paisaje-de-desmonte/ (Agosto de 2017).

11 Amado Suárez, Adriana. “Cada Noche”, La Televisión Pública. (18 de Agosto de 2017).

12 Amado Suárez, Adriana. “Cada Noche”, La Televisión Pública. (18 de Agosto de 2017).

13 Amado Suárez, Adriana. “Cada Noche”, La Televisión Pública. (18 de Agosto de 2017).

14 Becerra, Martín. “Paisaje de desmonte”, Revista Socompa. (On Line) En http://www.so-compa.com/medios/paisaje-de-desmonte/ (Agosto de 2017).

15Declaración de Principios sobre la Libertad de Expresión, aproada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en octubre de 2010, principio 12, punto55.

 

 

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