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¿Los médicos tienen relación laboral?

| El 11, May 2018

Hay precedentes dispares sobre la relación laboral del médico. La cámara laboral tiende ser más favorable al trabajador pero en los últimos años la corte obliga a examinar la relación y entender más bien el caso concreto: no toda prestación de servicios médico es laboral, debe verse el caso porque algunos profesionales son autónomos.

La relación laboral del médico

En su momento se dijo que el médico puede tener relación laboral (ver acá), aunque los precedentes son dispares. Una licenciada en temas médicos, aparentemente kinesióloga (la sentencia no aclara), estaba contratada por el sanatorio mediante la figura de trabajo autónomo, locación de servicios.

Sin embargo, la médica demostró mediante testigos la existencia de una típica relación de trabajo dependiente porque para desarrollar su actividad, no tomaba a su cargo ningún riesgo, no ponía capital propio para soportar pérdidas ni para obtener ganancias y únicamente aportaba su trabajo.

Además, se probó quela licenciada se halló inserta en una organización totalmente ajena, que su trabajo se enderezaba al cumplimiento de los fines y en beneficio de ésta y que se encontraba sujeta al poder de dirección y de organización, todo lo cual colocaba a la profesional dentro del régimen del contrato de trabajo (arts. 21 y 22 LCT).

Por eso, los jueces ordenaron indemnizarla con los rubros de indemnización por antigüedad, por omisión de preaviso, aguinaldo, integración del mes de despido, SAC rubro anterior, ley 25323 (que agrava indemnizaciones por relación laboral no registrada), certificado de trabajo, aguinaldo proporcional, vacaciones proporcionales, etc.

La corte decide que no toda prestación de servicios es relación laboral

Más allá de estos casos, la corte parece tener una postura distinta. Según reportó el CIJ (centro de información judicial), un médico neurocirujano demandó al hospital en que trabajaba aduciendo que el vínculo que lo unía a la institución era de carácter laboral. La Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo admitió el planteo con fundamento en que “el contrato de locación de servicios no existe más en ningún ámbito del derecho” y concluyó que, probada la prestación de servicios, el vínculo era necesariamente de carácter laboral.

El Tribunal destacó que la mera prestación de servicios para una empresa no implica que la relación sea dependiente y remarcó la vigencia indiscutible de la figura de la locación de servicios en el derecho argentino.

Por otro lado, el Tribunal descalificó el pronunciamiento porque omitió valorar prueba según la cual la relación no tenía ninguno de los rasgos típicos de la relación laboral. El médico era socio de una asociación que tenía injerencia directa dentro del hospital en la toma de decisiones sobre qué profesionales podían ser admitidos al nosocomio, cómo debían llevarse adelante las prácticas médicas y cómo eran distribuidos los honorarios. Además, el médico solo cobraba si realizaba prácticas médicas.

La Corte hizo hincapié, finalmente, en circunstancias adicionales indicativas de la ausencia de relación laboral (el actor era monotributista y emitía facturas, el médico nunca hizo reclamo alguno durante siete años y no invocó ni probó haber gozado de licencias o vacaciones pagas).

El fallo no es tan novedoso. Ya en el año 2015, la cámara laboral también había partido de la premisa de que “el hecho de la prestación de servicios” por parte del profesional hacía “presumir la existencia de un contrato de trabajo” (tal como lo establece el art. 23 de la ley de contrato de trabajo). Entendió que la configuración de esa modalidad contractual quedaba corroborada mediante las pruebas producidas de las que surgía que el médico había formado parte del engranaje empresario del centro de salud por haber estado sujeto a órdenes, a diagramas horarios y de guardias y a controles de concurrencia.

El fallo de la Corte descalifica esa sentencia, entre otras razones, porque los jueces de la cámara no dieron a la controversia un tratamiento adecuado, efectuaron un análisis solo parcial de la prueba, se basaron en afirmaciones dogmáticas y aplicaron la legislación laboral a supuestos para los que no está diseñada. Señala el Tribunal que la cámara otorgó valor decisivo a un testimonio y a un fallo anterior sin tener en cuenta que estaban referidos a una situación diferente (se trataba de un médico cirujano con una forma de relación y de retribución distintas a las de los anestesiólogos).

También destaca la Corte que fueron subestimados los informes que habían dado cuenta de que la actividad del médico anestesiólogo se regía por su relación como socio de la AAARBA, entidad que, además de ser la que negociaba y fijaba los aranceles, actuaba como agente de facturación y cobro de sus honorarios (los que iban a un “pozo” y luego se repartían según puntajes establecidos por los propios anestesiólogos), así como también de retención de sus obligaciones impositivas. En suma, por las particularidades del vínculo entre el profesional y el hospital demandado, la corte también descartó que se hubiera tratado de una “relación de dependencia laboral”.

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